“EL NUEVO SISTEMA DE VALORACIÓN DE DAÑOS Y PERJUICIOS CAUSADOS A LAS PERSONAS EN ACCIDENTES DE CIRCULACIÓN”

PROYECTO DE LEY DE REFORMA DEL SISTEMA PARA LA VALORACIÓN DE LOS DAÑOS Y PERJUICIOS CAUSADOS A LAS PERSONAS EN ACCIDENTES DE CIRCULACIÓN. 

En toda sociedad, ya sean desarrolladas o no, se precisa de un sistema de valoración de los daños y perjuicios que sufren las personas como consecuencia de accidentes de circulación. En las sociedades en vía de desarrollo quizás por el entramado político – social en el que están involucradas esto no sea del todo posible, pero es impensable que esto no exista en las sociedades plenamente desarrolladas, teniendo éstas que contar con un ordenamiento jurídico que dé solución a este tipo de situaciones.

Esto es así porque cualquier persona tiene el derecho a ser resarcida cuando haya sido víctima de un accidente de circulación que le ocasiona un daño corporal o moral, o le genera secuelas definitivas o provisionales.

En nuestro país, el mes de abril del presente año fue un impulso en este tipo de materia pues en dicho mes se inició una andadura parlamentaria para reformar este sistema de valoración de daños y perjuicios [conocido como Baremo] que ha culminado en el mes de septiembre pues se ha aprobado un Proyecto de Ley de Reforma del Sistema para la valoración de daños y perjuicios causados a las personas en accidentes de circulación.

Esta nueva norma pronto será una realidad pues entrará en vigor el 1 de enero de 2016, derogando, por tanto, el sistema de valoración anterior contenido en el Anexo y el Anejo del Real Decreto Legislativo 8/2004, de 29 de octubre, por el que se aprueba el texto refundido de la Ley sobre Responsabilidad Civil y Seguro en la Circulación de Vehículos a Motor.

La finalidad básica de la nueva norma es, tal y como señala su Exposición de Motivos, incrementar la protección a las víctimas garantizándoles una indemnización suficiente. Es decir, el nuevo Baremo se inspira y respeta el principio básico de la indemnización del daño corporal; su finalidad es la de lograr la total indemnidad de los daños y perjuicios padecidos para situar a la víctima en una posición lo más parecida posible a la que tendría de no haberse producido el accidente. Para ello también se identifican nuevos perjudicados y nuevos conceptos resarcitorios que no están recogidos en el Baremo vigente. Se sistematiza y dota de sustantividad propia las indemnizaciones por daño patrimonial (daño emergente y lucro cesante) que el actual Baremo prevé de un modo significativamente simplista e insuficiente. Y se pone al día, mediante su aumento, el conjunto de indemnizaciones, destacando en particular las que corresponden a los casos de fallecimiento –y, en especial, la de los hijos de víctimas fallecidas- y de grandes lesionados.

Con la nueva normativa, se mejora el sistema actual pues se incrementan, de media, un 50% las indemnizaciones por muerte y un 35 las derivadas de secuelas, dándose la circunstancia añadida de que el sistema se actualizará anualmente en función del índice de revalorización de las pensiones, contenido en los Presupuestos Generales del Estado. En cualquier caso, es importante destacar que el nuevo sistema para la valoración de los daños y perjuicios causados a las personas en accidentes de circulación se aplicará únicamente a los accidentes de circulación que se produzcan tras su entrada en vigor y, por tanto, en la valoración en accidentes de circulación ocurridos con anterioridad a la entrada en vigor de la misma ley subsistirá y será de aplicación el sistema recogido Real Decreto Legislativo 8/2004, de 29 de octubre.

La nueva normativa consta de varias novedades, pero me voy a centrar en una novedad contenida en relación a los daños patrimoniales, a las secuelas, a las lesiones temporales y a los perjuicios extrapatrimoniales.

Comenzando por los daños patrimoniales, el nuevo Baremo clarifica y regula el resarcimiento en concepto de gastos y racionaliza el cálculo del lucro cesante (pérdida de ganancia legítima por la víctima), que contempla los ingresos netos de la víctima, pero también valora el trabajo no remunerado –como tareas del hogar– o la pérdida futura de trabajo de menores y estudiantes. Además, introduce un coeficiente específico para cada perjudicado que combina factores como la duración del perjuicio, riesgo de fallecimiento y deducción de la pensión pública. También distingue entre ‘perjuicio patrimonial básico’ o gastos razonables derivados del fallecimiento –compensados con un 400 € (mín.)– y ‘gastos específicos’, que incluyen el traslado del fallecido, repatriación, entierro y funeral. Además, al contemplar nuevas estructuras familiares e individualizar la indemnización, se mejora la percepción de ésta.

En cuanto a las secuelas, el nuevo Baremo refuerza la reparación a grandes lesionados, indemnizando no solo los perjuicios, sino los daños emergentes como gastos asistenciales futuros.

En lesiones temporales hay que decir que el Baremo distingue entre ‘gastos de asistencia sanitaria’ y ‘gastos diversos resarcibles’ (los necesarios y razonables que genere la lesión en el desarrollo de la vida ordinaria del lesionado, desplazamientos de familiares para atenderle, atención a familiares menores o vulnerables de los que se ocupe el lesionado…).

Y por último, en materia de perjuicios extra-patrimoniales, el nuevo Baremo reestructura el perjuicio personal básico e las indemnizaciones por muerte y su relación con los perjudicados particulares, que se encuadran en 5 categorías (cónyuge, ascendientes, descendientes, hermanos y allegados). Y considera que “estos sufren siempre un perjuicio resarcible y de la misma cuantía, con independencia de que concurran o no otras categorías de perjudicados”.

En definitiva, este nuevo sistema de valoración de los daños y perjuicios sufridos en los accidentes de circulación se ampara en dos principios, claros y concisos. Un principio de reparación íntegra que tiene por finalidad asegurar la total indemnidad de los daños y perjuicios padecidos. Las indemnizaciones de este sistema tienen en cuenta cualesquiera circunstancias personales, familiares, sociales y económicas de la víctima, incluidas las que afectan a la pérdida de ingresos y a la pérdida o disminución de la capacidad de obtener ganancias.
Y en segundo lugar, el principio de vertebración de tal forma que se valoren por separado los daños patrimoniales y los extrapatrimoniales y, dentro de unos y otros, los diversos conceptos perjudiciales.

Para concluir hay que mencionar que, con la reforma del sistema de valoración de daños y perjuicios en los accidentes de circulación que se traduce en un nuevo Baremo para la valoración de dichos daños, se ha dado un paso adelante acerca de como satisfacer los daños ocasionados a personas que no tienen porque sufrir este tipo de daños, de tal manera que, se está dando una solución equitativa y satisfactoria a todas aquellas personas que se vean sometidas a este tipo de situaciones dañosas y de verdadera incertidumbre en su desenlace.

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