ACCIDENTE ESCOLAR

Cuando se trata de trabajar en un centro escolar como docente, se requiere un grado superior de vigilancia que en un taller o gimnasio, puesto que se tratan de menores de edad, especialmente niños pequeños.

Cuando ocurre un accidente en un Centro Docente, se puede incurrir en dos tipos de responsabilidades: Civil y Penal.

La responsabilidad penal: Se incurre en ella cuando el comportamiento que produce un daño constituye un delito o falta. (art.116 CP)

La responsabilidad civil: Se incurre en ella cuando el comportamiento lesivo, no constituye un delito o una falta, pero hay que indemnizar el daño (tanto personal, patrimonial o moral) producido por dicho comportamiento.

En el caso de los centros docentes, se habla de responsabilidad extracontractual, (al margen del contrato) ya que no existe relación previa entre las partes, de manera que la obligación de indemnizar deriva de la infracción del deber general de conducta.

Así en el artículo 1.902 del Código Civil, se indica “el que por acción u omisión causa daño a otro, interviniendo culpa o negligencia, está obligado a reparar el daño causado”.

La cuantía de los daños a sufragar (indemnización), a la que debe responder el causante del daño, puede ser estimada por las partes mismas o en su defecto por el Juez, siendo éste el que fije la indemnización en función de las circunstancias bajo las que ocurrieron los hechos.

Deben ser indemnizados todos los daños producidos por los alumnos, tanto a otros alumnos, como a profesores, a terceras personas del centro, a personas ajenas al mismo, así como los daños ocasionados a sí mismo.

El plazo para reclamar responsabilidad extracontractual es de un año.

Existe una situación en la que no se incurre en responsabilidad civil, se produce cuando el suceso no ha podido preverse, o si se ha previsto fuese inevitable. En este caso aparecerá la figura de la fuerza mayor (imprevisibilidad o inevitabilidad del daño), o la de caso fortuito, lo que provocará la no existencia de responsabilidad por parte del deudor. Así de acuerdo con lo dispuesto en el artículo 1.105 del Código Civil, nadie responderá de aquellos sucesos que no hubieran podido preverse, o que previstos, fueran inevitables, a no ser que así lo establezca expresamente la ley o la obligación de que se trate, “CASO FORTUITO”. (Jugando un niño clava en el ojo de otro compañero un lápiz.) Se trata de un caso fortuito, ya que se ha sido algo imprevisible, rápido y el lápiz no es peligroso, en todas las clases debe de haber.

Cuando se incurre en una responsabilidad extracontractual, hay que determinar quien es la persona que tiene que hacer frente a la indemnización, en función de las circunstancias que concurren.

En el tema de la responsabilidad civil en que incurren los docentes en caso de que ocurra un accidente en el centro escolar, hay un antes y un después de la fecha del 7 de enero de 1991, fecha en que se reforma el Código Civil.

Antes de la reforma del Código Civil, el artículo 1.903 del Código Civil, en su apartados 4°, 5° y 6°, establecía que:

“Son responsables los dueños o directores de un establecimiento o empresa respecto de los perjuicios causados por sus dependientes en el servicio de los ramos en que los tuvieran empleados, o con ocasión de sus funciones.

Son por último responsables los maestros y directores de artes y oficios respecto de los perjuicios causados por sus alumnos o aprendices mientras permanezcan bajo su custodia.

La responsabilidad de que trata este artículo cesará cuando las personas en él mencionadas prueben que emplearon toda la diligencia de un buen padre de familia para prevenir el daño”.

Así la redacción de este artículo hacía responsable directamente al maestro o profesor de los daños causados por sus alumnos. Aunque su redacción creaba algunas dudas.

Todas estas dudas fueron aclaradas a través de la propia jurisprudencia, aunque no fue una camino fácil, puesto que algunas sentencias se contradecían entre sí. Esto hacía que fuese imposible arbitrar un criterio común, lo que provocaba una enorme incertidumbre en los docentes, que provocó por ejemplo un freno a la realización de actividades extraescolares, ya que el profesor al salir con sus alumnos incurría en un riesgo elevado.

Por otra parte, la realidad educativa actual es distinta a la realidad educativa existente cuando se escribió dicho artículo. Así por ejemplo la relación actual entre el alumno y el docente, no es la misma que la relación existente entre el maestro y el aprendiz de antaño. Además de que la relación actual ha cambiado, el número de alumnos por profesor es mucho mayor (lo que dificulta la vigilancia), se realizan un mayor número de actividades fuera del propio aula, y una de las más importantes, los derechos del alumno provoca una mayor libertad en los mismos, base fundamental para su autonomía y responsabilidad.

Así el 7 de Enero de 1991 y tras las movilizaciones protagonizadas por el profesorado, se modificó el artículo 1903.

Ello induce a modificar el régimen de responsabilidad a fin de establecer que quien responda de los daños ocasionados por sus alumnos sean las personas o entidades titulares de los centros, que son quienes deben adoptar las correspondientes medidas de organización, sin perjuicio de que en supuestos tasados, el titular puede reclamar al personal docente la cantidad satisfecha, llamada “acción de regreso”.

En el caso de los centros públicos, el artículo 145 de la Ley de Régimen Jurídico de las Administraciones Públicas y el Procedimiento Administrativo Común en su apartado segundo establece que:

“La Administración correspondiente, cuando hubiere indemnizado a los lesionados, exigirá de oficio de sus autoridades y demás personal a su servicio la responsabilidad en que hubieran incurrido por dolo, o culpa o negligencia graves, previa instrucción del procedimiento que reglamentariamente se establezca.

Para la exigencia de dicha responsabilidad se ponderarán, entre otros, los siguientes criterios: el resultado dañoso producido, la existencia o no de intencionalidad, la responsabilidad profesional del personal al servicio de las Administraciones públicas y su relación con la producción del resultado dañoso”.

En todo caso, existiendo dolo o culpa grave del profesor, su responsabilidad será solidaria con la del centro, manteniéndose esta solidaridad mientras el centro no demuestre que empleó toda la diligencia debida, en cuyo caso quedará exonerado y el único responsable será el profesor.

De todas formas, la incidencia de la acción de regreso es muy pequeña, por un lado por la dificultad de demostrar que la culpa es “grave”, y por otro lado porque normalmente no se podrá reclamar al causante concreto del daño la totalidad de la indemnización satisfecha, puesto que también ha intervenido en la producción del mismo la culpa de quien es el responsable (el centro).

La nueva redacción del artículo 1903 queda como sigue:

“Las personas o entidades que sean titulares de un Centro Docente de enseñanza no superior responderán por los daños y perjuicios que causen sus alumnos menores de edad durante los periodos de tiempo en que los mismos se hallen bajo el control o vigilancia del profesorado del Centro, desarrollando actividades escolares o extraescolares y complementarias”.

También se añade un 2° párrafo al artículo 1.904.

“Cuando se trate de centros docentes de enseñanza no superior sus titulares podrán exigir de los profesores las cantidades satisfechas, si hubiesen incurrido en dolo o culpa grave en el ejercicio de sus funciones que fuesen causa del daño”.

Por lo tanto se puede observar que la reforma del Código Civil, traslada la responsabilidad civil en caso de accidentes desde el maestro o profesor de los alumnos, hasta los titulares de los centros docentes, que son los que deben adoptar las correspondientes medidas organizativas.

La culpa o negligencia supone una conducta voluntaria, en la que el deudor no quiere conscientemente causar un daño a otra persona, pero en la que no prevé, cuando debió haberlo previsto, que dicha conducta lleva aparejado el daño. Así en este caso el daño causado ha de atribuirse más a la falta de vigilancia de la persona que queda como responsable que del propio autor material (culpa “in vigilando”).

Aunque la dirección del Centro puede ser un tercero distinto al propio director o dueño, el Jefe de estudios no responderá por los daños ocasionados. En este caso siempre nos dirigiremos al Director (Colegio Púbico) o Persona Física o Jurídica titular del Centro (Colegio Privado o Concertado).

Normalmente las administraciones educativas y las empresas o personas titulares de los centros privados (privados y privados-concertados), contratan con una compañía de seguros un seguro de responsabilidad civil, que desplaza a la compañía el pago de las indemnizaciones. Últimamente también están en aumento la contratación de seguros particulares por parte de los profesores que van a realizar actividades extraescolares con alumnos.

Por una parte hay que tener en cuenta que en el caso de centros docentes, no son responsables aquellas personas en las que concurra incapacidad de querer y de entender, como puede ser el caso de menores, siempre que no haya sido provocada dolosamente, es decir, que sea involuntaria. En este caso tienen que responder aquellas personas que ostentaban la guardia del menor en el momento de que ocurrieran los hechos.

Así en el Código Civil en el artículo 1.903 establece “la obligación de reparar el daño causado es exigible no sólo por los actos u omisiones propios, sino también por los de aquellas personas de quienes se debe responder “A esta responsabilidad se le denominada responsabilidad por hechos ajenos, y es debida a la culpa o negligencia en la vigilancia (“in vigilando”) por parte de la persona que ostenta la guardia del menor.

Por otra parte hay que recordar que el grado de vigilancia debe ser mayor cuando las edades de los alumnos son menores, mientras que al aumentar la edad del alumno se le debe dar un mayor margen de libertad para no lesionar los derechos del menor y dejar desarrollar su personalidad, por lo que el nivel de vigilancia será menor.

Evidentemente y de acuerdo con la redacción del artículo, la responsabilidad se extiende durante las horas de clase, los recreos, el comedor, las actividades extraescolares, las visitas fuera del centro e incluso en el transporte escolar en caso de ser realizado por el propio centro.

Aunque en los periodos indicados anteriormente la responsabilidad es clara, sin embargo aparecen otros intervalos de tiempo (donde además ocurren muchos accidentes), que resultan bastante dudosos como puede ser los momentos anteriores o posteriores al comienzo de la jornada escolar. Momentos en que los padres dejan a los alumnos en el colegio y se marchan a sus trabajos, o los momentos posteriores a la finalización de la jornada donde los alumnos son recogidos por sus padres.

Esta situación ocurre normalmente con los alumnos en el patio del centro y en la mayoría de los casos sin vigilancia del profesorado.

El Tribunal Supremo, mantiene que la responsabilidad empieza para el centro docente desde el momento de la entrada en el mismo, y que se extiende hasta la salida, pero luego decide en cada caso concreto en función de las circunstancias, habiéndose referido incluso en algunas ocasiones a la “suficiente flexibilidad que demande el caso”.

Por último y quizás lo mas conflictivo, también deben responder de los accidentes que sufran los menores en horario lectivo y que por una negligencia del centro se encuentren fuera del mismo, como así se dicta en sentencia de 15 de diciembre de 1994.

Actualmente, resulta dificil encontrar sentencias que culpen al centro docente, y mucho menos al profesor. Si su hijo sufre algún accidente en clase, deberán demostrar la negligencia del personal que estuviese vigilando, ya que si se trata de un caso fortuito, nada se podrá reclamar.

Algunas sentencias sobre el asunto que nos ocupa:
STS 4-6-1999 (RJ 1999/4286): Niña que antes de entrar en el recinto escolar sufre lesiones al ser empujada por un compañero, a la vez que un compañero cierra la puerta y le causa daños por aplastamiento en la mano derecha. En el supuesto fáctico el accidente tiene lugar al acceder la menor al recinto exterior del colegio por una cancilla situada a unos veinte metros de la entrada principal del edificio en que se encuentran las aulas, por lo tanto todavía en el exterior del centro y cuando no existe una vigilancia por parte del profesorado y cuidadores. ABSOLUCIÓN

STS 5-11-2004 (RJ 2004/6656), Sala de lo Civil: Alumno de un Centro Escolar que durante el tiempo de ejercicio libre de deporte en clase de educación física, se cuelga del travesaño de la portería de futbito, balanceándose, portería que se le viene encima causándole daños en el rostro. La Sala condena al Centro ya que este no agotó las medidas de seguridad, y la porteria se encontraba suelta, sin ninguna sujeción.

STS 28-12-2002 (RJ 2002/3094), Sala de lo Civil: Alumnas que durante el recreo escolar juegan a la comba bajo la vigilancia de su profesora, una niña suelta la cuerda que impacta contra el ojo de una compañera que sufre lesiones en el mismo. Considera la sentencia que no cabe atribuir al centro escolar una culpabilidad omisiva ya que tenía el recreo vigilado por una profesora, que fue la que atendió en un primer momento a la menor lesionada, además el accidente se produce cuando las niñas practicaban un juego sin riesgo y de general uso entre las niñas de esa edad, por lo que no se puede apreciar una actitud omisiva y de falta de diligencia en la profesora. Se trata de un caso fortuito.

Oscar J. Labella

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