Caso de “Las Tarjetas Black” y el derecho a la intimidad de los demandados.

El pasado lunes 26 de octubre arrancó el juicio por uno de los casos que más escándalo social ha provocado durante los últimos años y que se ha visto incrementado por la crisis financiera: el del caso de las tarjetas black de CajaMadrid.

Imagen de getafecapital.com

65 exconsejeros y exdirectivos de Caja Madrid y Bankia gastaron 12 millones de euros en ropa, viajes de lujo o restaurantes de postín. La Fiscalía Anticorrupción les acusa de Apropiación Indebida. Durante el pleito se debatirá si era parte del salario de los exdirectivos o era una retribución ilegal a los exconsejeros. Para Miguel Blesa y Rodrigo Rato se piden las mayores penas por considerarles, como expresidentes de las entidades quebradas, responsables del sistema de apropiación del dinero.

¿Que entendemos por Apropiación Indebida?

Antes de la reforma del Código Penal subsistían el delito de apropiación indebida del art. 252 y el delito de administración desleal del art. 295 dentro del capítulo de los delitos societarios. El delito de apropiación indebida se cometía por quien en perjuicio de otro se apropiaba o distraía dinero, efectos, valores o cualquier otra cosa mueble o activo patrimonial recibido en depósito, comisión o administración, o cualquier otro título que conllevase la obligación de entregar o devolver lo recibido, o negase haberlo recibido. La acción típica consistía en apropiarse o distraer, de forma que la jurisprudencia de Tribunal Supremo interpretaba el precepto en un doble sentido: el clásico de apropiación indebida de cosas muebles ajenas, que comete el poseedor legítimo que las incorpora a su patrimonio con ánimo de lucro, o niega haberlas recibido, y el de gestión desleal que comete el administrador cuando perjudica patrimonialmente a su principal distrayendo el dinero cuya disposición tiene a su alcance.

La doctrina jurisprudencial distinguía en la apropiación indebida la acción de ‘distraer’ de la apropiación clásica, lo que ocasionaba problemas de calificación.

El nuevo Código Penal resultante de la reforma por LO 1/2015, en el capítulo de las defraudaciones ha creado la sección 2ª integrada por el art. 252 dedicada al delito de administración desleal, la sección 2ª bis integrada por los arts. 253 y 254 dedicados a la apropiación indebida y, por otra parte, en el capitulo XIII de los delitos societarios ha dejado sin contenido el art. 295.

Como consecuencia de la modificación del Código Penal, el delito de apropiación indebida está tipificado en el art. 253, castigando a “los que, en perjuicio de otro, se apropiaren para sí o para un tercero, de dinero, efectos, valores o cualquier otra cosa mueble, que hubieran recibido en depósito, comisión, o custodia, o que les hubieran sido confiados en virtud de cualquier otro título que produzca la obligación de entregarlos o devolverlos, o negaren haberlos recibido.

La instrucción del presente caso dio comienzo en la Audiencia Nacional mediante la aportación de unas pruebas, así como las grabaciones de llamadas telefónica. Durante las primeras jornadas la defensa basó su alegato en la nulidad de pruebas aportadas ya que consideraban se había vulnerado su derecho fundamental a la intimidad.

Y no es nada peculiar que las partes basaran su defensa en dichas alegaciones, ya que España ha sido condenada por el Tribunal Europeo de los Derechos Humanos en dos ocasiones. En ambas denuncias de los años 1980 y 1988, el TEDH condenó a España por vulneración de la intimidad de la victima. De tal modo que España se veía obligada a actuar, tomar medidas, como podría ser modificar la legislación. Pero de ningún modo ocurrió así. El Tribunal Supremo que acató la Resolución del TEDH, comenzó a depurar y tomó las medidas necesarias para que en la práctica no volviera a ocurrir esta vulneración y se garantizase el buen trato de nuestros derechos fundamentales. A diferencia de nuestro país vecino, Francia, que tras varias condenas por parte del TEDH, éste actuó con la mayor brevedad posible modificando su legislación al año siguiente. En España, como ya he mencionado con anterioridad, no modificación ley alguna, de hecho hemos tenido que esperar hasta 2015 para ver como ha sido modificada la LECrim.

Ahora bien, España fue denunciada una tercera vez, pero para sorpresa de alguno, en esta ocasión el TEDH no condenó a España, puesto que en la práctica la jurisdicción interna nacional, ya había tomado medidas y, por tanto, se consideró en ese momento suficiente.

Lamentablemente, en la actualidad sigue generándose dudas sobre la protección de nuestros derechos fundamentales, y el motivo no es otro que las nuevas tecnologías o las denominadas TIC. No resulta descabellado que cualquier persona con conocimientos informáticos y un interés relevante, pueda acceder a las copias de grabaciones, las cuales deberían ser borradas si no fueran de necesidad en el proceso.

Ahora bien, entonces en que situaciones se pueden realizar “escuchas telefónicas” o dicho de otro modo, cuándo podrán violar mi intimidad:

Pues la jurisprudencia es clara y concisa en este aspecto. En primer lugar, estará autorizada siempre y cuando se recoja en una ley cierta, (ley orgánica), además dicha captación debe ser motivada claramente, así como practicar el ejercicio de la proporcionalidad, es decir, que el derecho fundamental que se pretende vulnerar (intimidad) no sea de mayor lesión que las consecuencias que conlleven, es decir, que dicha intervención sea necesaria, ya sea por interés público o por seguridad ciudadana.

Y ojo con este último matiz, en los casos de investigación con el fin de velar por la seguridad ciudadana en el caso de terrorismo, debemos tener especial delicadeza y mantener en todo momento la balanza equilibrada, en ningún momento podrá prevalecer la seguridad ciudadana sobre las libertades de ciertas personas.

Por último, me gustaría abrir debate en cuanto a la definición de intimidad, de esfera intima y personal en la actualidad, como ya he mencionado, con el desarrollo de las TIC, internet, móviles, etc… resulta treméndamente difícil establecer los límites de lo que es intimidad o no.

Oscar J. Labella

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