INFORME PETRAS: EL HORIZONTE DE UNA GENERACIÓN PERDIDA

Año 2016, despiertas, tienes de 20-30 años y una resaca que no puedes con ella. Otra cosa no, pero anoche lo diste todo, normal, toda la semana pringando como un condenado o estudiando chorradas en la uni motiva a cualquiera para echarse unos cubatillas con los colegas. Y sin embargo, todo ha cambiado, ya nada es como te habías imaginado. Miras al horizonte y se ve tan oscuro, tan desmotivador… Esta puede ser tu historia, o la de un amigo, o la de un familiar, pero en general es a día de hoy la historia de muchos jóvenes de este país que se ven sin futuro, navegan a la deriva a bordo de lo que llaman la GENERACIÓN PERDIDA.

¿Qué me dirías si te digo que esto no es de actualidad, que esta generación perdida ya fue predicha? Retrocedamos algo en el tiempo. Año 1994, gobierna el presidente Felipe González, y le va muy bien, hace ya diez años que nos unimos a la Unión Europea. Acabamos de superar un bache económico y las perspectivas son geniales. Entonces se le ocurre encargar al Centro Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) un estudio sobre el futuro de la joven clase trabajadora. El CSIC decide contratar a un experto externo, el elegido será James Petras, no olvides el nombre porque lo va a cambiar todo. Este es un sociólogo americano de talla mundial, de él se dice que nunca falla, era el hombre.

Así con este encargo, James aterriza en Barcelona y se pone manos a la obra. Pero es un tipo raro, no se limita a pedir los típicos datos del ministerio, todo lo contrario, pisa la calle, va a los bares, entrevista a trabajadores sindicados y a sus hijos. Siempre va diciendo que el test definitivo de las medidas adoptadas es ver cómo afectan a la vida de las personas. Bueno él sabrá, el caso es que en 1996 entrega el trabajo a tiempo, se le paga lo acordado, y se lee el informe. El siguiente paso será guardarlo en un cajón, nadie absolutamente nadie del Gobierno o la Administración lo mencionará, jamás.

Por suerte la revista Ajoblanco lo publicaría en 1996. ¿Quieres saber que decía el dichoso informe? Básicamente, las conclusiones eran dos. Que estábamos ante la primera generación de nuestra historia que iba a vivir peor que sus padres y que además esa generación iba a estar indefensa mentalmente para luchar por su trabajo o calidad de vida. Y sin vaselina ni nada eh, pero vayamos por partes. Petras va a describir una juventud desconectada de su futuro que vive de fin de semana en fin de semana sin colaborar con los gastos familiares y que se gasta su dinero en discotecas, equipos electrónicos y lo sobrante en unas posibles vacaciones. Por otro lado los mayores tratan a esta generación entre algodones pues arrastran un sentimiento de privilegio, y no quieren que sus niños y niñas pasen por los males que ellos tuvieron que pasar. Irónicamente tantas atenciones no sirven para nada y una mayor educación o ambiente familiar estable no evitan que los jóvenes no puedan lograr siquiera el nivel de seguridad e ingresos de sus padres. Ambas generaciones asisten a los cambios del mercado laboral, donde entre los años 74-85 se va a multiplicar por 7 el desempleo juvenil, llegando a un máximo que se mantiene hasta el día de hoy. Además los contratos temporales muestran una tendencia a la alza, pasando de un 17% a un 26%.

Poniendo ya sobre la mesa la existencia de una generación con peores perspectivas que sus padres llegamos ahora a la conclusión que más nos ha de alarmar. No es sólo que esta generación esté en unas peores condiciones sino que esto se ve agravado por una pasividad de la propia juventud respecto al problema. Por esto hablamos de una generación perdida y no de una generación más pobre. El informe describe con nitidez como estos jóvenes criados entre algodones no han encontrado movimiento ideológico o político que les atraiga, puesto que han llegado en un periodo de corrupción política masiva que lo ha impregnado todo, expresan desconfianza general, cuando no repugnancia, a los partidos y los políticos, al tiempo que se centran en actividades privadas. Esto se agrava cuando los jóvenes, insertos en un mundo de competición sin recursos ideológicos o una memoria histórica de las luchas antifranquistas u obreras, son vulnerables a los mensajes individualistas, nacionalistas o incluso racistas (que culpa a los emigrantes). Y es precisamente la contradicción entre haberse criado entre algodones y un futuro incierto la que genera un miedo y frustración social en los jóvenes trabajadores que puede degenerar en violencia individualizada. Lo que muestra claramente el estudio es que la mayoría de los trabajadores de ambas generaciones se sienten víctimas pasivas más que protagonistas de los cambios a los que se enfrentan. No hay conexión entre su descontento privado y lo público. El resultado es una generación mayor de trabajadores, frustrada y ansiosa, y una generación joven marginada y apolítica.

20 años nos separan de estas palabras, de estos datos que nos aportó James Petras. Triste es el pensar que en esos 20 años la situación sigue siendo exactamente igual, sino peor. Recordemos que debido a la crisis actual ya no solo los jóvenes de este país sino también sus padres tienen que vivir las consecuencias de un empleo malo, inestable y eventual. Estamos hablando de vidas, nunca se nos olvide esto, vidas arruinadas, destinadas a un fracaso. Petras no sólo se limitó a describir la situación sino que dio un motivo a todo esto: la centralidad del mercado como el principal mecanismo para la modernización ha reforzado los lazos entre los negocios y el Estado, y ha fomentado los valores mercantiles dentro de la clase política. El resultado ha sido que la corrupción a gran escala ha impregnado el sistema político, minando la ciudadanía”. No nos pueden chirriar más estas palabras ¿Verdad? Corrupción, mercado, clase política…

Sin embargo, es con este último detalle cuando todo empieza a cuadrar y uno se da cuenta de porque un presidente, o gobierno guarda en un cajón el futuro de una generación. Futuro relegado a polvo, con olor a olvido. Escenario horrible es el que se plantea dónde quien nos gobierna considera el horizonte de una generación como una causa perdida.

Colaborador: Luis Cánovas Sánchez

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