LA PSICOLOGÍA DEL ABOGADO

Quizás hoy venga a hablaros de la materia pendiente de todo joven abogado que está haciendo sus primeros pinitos en el mundo de la abogacía, o quizás también, para los no tan jóvenes…

Imagen extraida de psicologíalebreo

El título ya desvela en cierta manera el tema principal de este post, la psicología del abogado, pero vamos a verla desde dos puntos que a mi parecer son realmente importantes. La relación con el cliente y, en otro post que escribiré si este os parece interesante y os gusta, sobre la importancia de la oratoria y como dominar los nervios, o al menos que no se noten, pero esto, como os digo, será otro día…

En lo relativo al cliente, el trato con aquella persona que te va a pagar, (pero eso será más adelante…) Cuando accede por primera vez al despacho, nos relata brevemente su historia, o no tan breve, dependerá de la gente que espera en el pasillo y la hora que sea. Esto de su historia es importante porque todo cliente se guarda algo, un secreto, un Detalle, (con mayúscula), de quizás algo que hizo y nunca jamás debió hacer, quizás un pequeño Detalle que es el originario de que hoy nos hayamos conocido. Sería poco profesional que desde un primer asalto no mostremos interés, por tanto, mientras el relata sería interesante que nosotros tomásemos notas, cogiéramos papel y lápiz, y escribiéramos algo, ya sea su historia, nuestra historia, o la lista de la compra, eso él nunca lo sabrá… Y digo esto porque, a diferencia de la consulta de un médico que cuando vamos a visitarlo le contamos nuestro problema y él hace todo lo que sabe-puede, y nos llevamos nuestro problema-enfermedad a casa, hasta que se cure. En el caso del abogado, el cliente acude a nuestro despacho con una idea muy diferente, nos relata su problema-enfermedad, y ahí lo deja, nos lo deja calentito, se quita una preocupación, y cuando llega a casa le dice a su mujer:- Juani, he ido a hablar con el abogado. ¡Ya no hay de que preocuparse! Ahora el marrón, perdónenme la expresión, es para el abogado.

Y esto ocurre porque existe un problema de comunicación entre ambas partes, abogado-cliente desde primera hora. El cliente entiende que la profesión del abogado es una obligación de resultados. Pero debemos entender que se trata de una obligación de medios. Es decir, el abogado está obligado a intentar hacer todo aquello que puede, o que esté en sus manos, pero no podemos asegurar que el asunto vaya a resultar favorable y finalmente el señor de negro nos vaya a dar la razón. Cautela con este tema. El abogado siempre realizará su trabajo de la manera más profesional del mundo, pero no es tu psicólogo, y tampoco es Dios, es decir, no decide quien gana o pierde.

Entonces, no pidamos peras al olmo, por qué digo esto, porque cuando vamos a un restaurante, el chef nos hace la comida buena, o debería estarlo, el huevo frito, es decir, obligación de resultado, porque no sería normal que el chef saliera al salón comedor y nos dijera, -Perdone, pero yo haré el huevo frito lo mejor que pueda.

Podríamos decir, que superada la primera fase, un primer contacto o primer asalto en el despacho, daríamos paso a una segunda etapa, me gusta llamarlo etapa porque al final la relación con tu cliente puede ser tan larga como dure un procedimiento, es decir, meses, años… Esta nueva etapa se da tras el juicio cuya meta volante no es otra que la siguiente pregunta de nuestro cliente: ¿Hemos ganado? Ojo con la respuesta si queremos ganar estos puntos de bonificación. Después de darlo todo en el juicio, intentar convencer al juez con nuestras palabrerías, (esto lo hablaremos más adelante en otro post), intercambiar la camisa con la parte contraria, estrechar la mano e inflar un par de globos. El cliente en la misma linea de meta está esperando para preguntarnos esa pregunta, ¿Qué tal ha ido? ¿Hemos ganado? La respuesta suele ser para inflar otro globo, fffffff… fifty-fifty, ahí va a estar, está difícil pero tendremos que esperar que dice el juez, no puedo decirte… y un sin fin de expresiones que dejan abierto el partido. De lo que ahora estamos hablando son de las expectativas, es lógico que a nuestro cliente le demos buena impresión, para que se vaya tranquilo a casa y no llegue y le diga a su mujer Juani, -la misma de antes- ¡Vaya abogado inútil nos hemos buscado, hasta yo lo haría mejor! Porque otra cosa no, pero de justicia ‘saben’ todos. Lo que está claro, creo que todos me daréis la razón, es que actualmente es imposible predecir la decisión de los jueces en ciertas ocasiones. Y más cuando se trata de un juez rancio, que no ha dejado ni minutos de descuento, digamos el momento de las conclusiones. A mi me gusta llamarlos, creadores del derecho, puesto que ellos interpretan las normas y, lo que es peor, un juez de primera instancia que hace caso omiso a la Audiencia y al Supremo y falla como estima oportuno. Gracias que son solo la minoría. El señor de negro, (como se oye en los pasillos del juzgado) es imprevisible y te puede sorprender con una sentencia desestimatoria más grande que una casa. Ahora ¿cómo le dices al cliente que después de unos cuantos meses esperando sentencia, hemos perdido? Qué después de unos tantos meses esperando nos hemos topado con una sentencia que apesta, no solo porque no estimen nuestras pretensiones, sino que además, en ocasiones,  están en judicialés, ese lenguaje extraño, excéntrico, extravagante, peculiar, singular, curioso, caprichoso, insólito, inusitado, inusual, infrecuente… En definitiva, difícil de entender incluso para un jurista.

Finalmente, debemos tener en cuenta que en raras ocasiones el cliente es de por vida, es decir, lo más normal es que tu cliente sea eso, TU cliente, de manera temporal. Es por esto que me gustaría dar un humilde consejo: cada caso que ganes, no te excedas en celebrarlo, cada caso que pierdas, no te martirices y lo lleves a casa… Como diría ‘el cholo’, partido a partido…

Para concluir, debo decir que muchas frases son extraídas de lo aprendido en la ponencia del profesor y letrado Jiménez Blanco, a la que asistí ayer en la Universidad de Jaén y, que resultó realmente interesante.

Os animo a que comentéis vuestras experiencias y sensaciones. Perdonen algunas expresiones que han sido utilizadas para llamar vuestra atención pero que no pretenden falta el respeto a nadie.

Oscar J. Labella

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