INICIO A LA INICACIÓN. Por Ángel Morales

 

El inicio de la profesión de abogado, al menos en mi caso, viene determinado por las siguientes circunstancias; conciencia de que existe un amplio recorrido entre conocimiento teórico y conocimiento práctico de manera que surgen dudas. En primer lugar, desde el momento en que inicias la pasantía, en la cual, tras un largo trabajo técnico en el que se obtiene un “totum revolutum” de conocimientos de difícil aplicación, vas encuadrando de forma sistemática, cuando comienzas con un maestro o maestros, a darles un sentido y uso lógico en sus diferentes ámbitos. Más adelante, cuando ya has obtenido esta preparación práctica, sin perder de vista la “temida teoría”, das el siguiente paso y te colegias, para poder ejercer como letrado.

En su comienzo, es una profesión en la que tienes que armarte de mucha paciencia, y a la vez inquietud, para poder aprender todos los días, pero sin perder tu meta. Pasaran muchos meses, sin que la situación actual cambie respecto de la anterior, pues sigues siendo un pasante, pero llegara el día (que llegará), en que te llama tu primer cliente. Es entonces cuando pones en marcha todos los conocimientos adquiridos, consejos y todo cumulo de observaciones, prioritario para la correcta puesta en marcha y así poder prestar un gran servicio a tu cliente.

En segundo lugar, una vez que te plantea el justiciable su problema a resolver, pones en marcha lo antes comentado, y buscas la solución más idónea y le aconsejas, ya sea por las diferentes jurisdicciones dependiendo de su naturaleza. Establecido tal interrogante, realizas su estudio, al principio siempre con consejo de tu maestro o de compañeros con más experiencia, así en un principio la profesión se facilita, en gran manera y ello siempre con la convicción de que se va a resolver adecuadamente.

Es una profesión en la que tienes que aprender autodeterminación y organización, ya que tienes en tus manos el patrimonio de tu representado, su libertad o ambas, por lo que no te puedes descuidar, o mejor dicho sea con otras palabras, no puedes pasar por alto ningún detalle del asunto encomendado, para así garantizar la defensa de los intereses legítimos de tu defendido.

Hay que aprender de los errores, pero siempre mirando hacia delante, nunca hacia atrás; debes disfrutar, puesto que es el trabajo que vas o que ya has elegido, pero de todas las formas, desde mi perspectiva, todos vosotros deberíais sabes por qué lleváis toda una vida preparándoos para esto, siempre sin perder de vista vuestro objetivo personal. En fin, ¡¡¡CAUTELAS, SIN TEMOR!!!

Por Ángel Morales

Colegiado núm. 4258 (Jaén)

C/ Doctor Eduardo Arroyo nº 3, Local 8.

Linkedin: Ángel Morales Fuentes.

contacto: angelmoralesabogado@gmail.com

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