La incultura es el germen de toda sociedad, y el código penal no sirve como manual ético y moral

Me cuesta creer en el Derecho Penal. Obviamente no dudo en el ius puniendi del Estado, pero carece de sentido centrar este derecho punitivo en un sistema de castigo y represalias que se alimenta mediante la ‘política del miedo’, es decir, engordar las penas para que haya menos delitos, sin importar el quién cometió el delito, cómo lo hizo o por qué.

Imagen extraida de nosoyasistenta.com

Lo que me resulta indignante es la manera en que se trata al investigado/procesado que por cierto, esto ya se tuvo en cuenta hace algún tiempo cuando se incorporó aquello de investigado y se alejó aquello otro de imputado. A mi modo de entender el Derecho, el juzgador debe conocer las cualidades de la persona que cometió el delito. En ocasiones, por desgracia, el delito consumado es la última etapa de un sinfín de sucesos horribles para una persona que se pueda sentir angustiada o enferma. ¿Qué es lo que pretendo decir con esto? En ciertos delitos, se debería atender minuciosamente a las circunstancias de los hechos. Propongo tratar al imputado, no solo como delincuente, sino más bien como aquella persona que por “X” circunstancias ha cometido un delito. De este modo, dejaremos de verle como el apestoso que merece un castigo, y empezaremos a verlo como un desgraciado que necesita ayuda y corrección. No pretendo excusar a nadie de lo que hace, más bien pretendo ser comprensible con las personas. Porque siempre dicen que la mejor defensa y es conocer la posición del contrario, y ésta, entiendo, es la mejor manera de hacerlo. Este matiz es realmente importante bajo mi punto de vista, y pronto lo iremos viendo.

                Pongamos un ejemplo muy sencillo para aclarar la idea:

Un delito de lesiones: En una discoteca, dos jóvenes discuten y finalmente concluye de manera violenta agrediendo físicamente uno de ellos al otro originándole lesiones. Este supuesto es muy sencillo, y seguramente el juez competente dictará sentencia condenatoria por las lesiones sufridas en la pelea, imponiendo pena de prisión más la acción civil. Aunque como ya sabemos, si no hay antecedentes penales, se podrá de la sustitución de la pena. Mi solución al problema no sería condenar con pena de prisión, ¿para qué? Ésta persona casi con toda seguridad había tomado alcohol y es por ello que se había puesto más agresivo, o quiso hacerse el chulo delante de la novia o los amigos. Esto es clave para entender por qué puso la mano encima a otra persona. Quizá la pena que el juez debería haber fijado es que fuese trabajar durante una temporada en una discoteca como ayudante del portero, para que aprenda y consigamos no se vuelva a repetir. (¿Se me ha notado la admiración por el magistrado Emilio Calatayud y sus famosas sentencias?).

Lo que pretendo decir, es que la agravación de las penas no conlleva el fin de los delitos, ni siquiera su disminución. Solo hay que mirar a Estados Unidos, uno de los países con mayor delincuencia y casualmente donde establecen un Código con mayores castigos, en algunos estados, la pena de muerte o la cadena perpetua.

En ocasiones el que comete un delito no ha visto mermadas sus intenciones por las penas que se puedan recoger en el Código Penal. A mi entender, la comisión de un delito, con frecuencia, va motivada por una circunstancia personal, ya sea, incultura, ignorancia, depresión, enfermedad mental, problema grave dilatado en el tiempo…

Vuelvo a decir. No pretendo excusar a nadie por sus delitos. Pero intento ir más allá. Para disminuir el número de delitos cometidos, debemos cortar el problema desde la raíz. Ahora hablaré de un caso que está a flor de piel, la violencia de género.

Cuando existen indicios de violencia de género, rápidamente se trata como violador, agresor o asesino al hombre que presuntamente ha cometido cierto delito. (No debemos olvidar que en nuestro ordenamiento jurídico se reconoce la presunción de inocencia). Y de igual manera, rápidamente se pretende imponer la mayor pena a este individuo. ¡Qué se joda!

¿De verdad pensáis que el hombre que ha maltratado a su mujer ha sentido la más mínima presión a la hora de agredir o violar porque en el CP hubiera una pena de prisión de tantos años? Sinceramente, creo que a este hombre le ha dado igual, así estuviera la cadena perpetua o pena de muerte, le daría igual, y lo haría tantas veces como pudiera.

Entonces, ¿Para qué sirve el derecho penal, el código penal, si por muchas penas que se pongan, se seguirán cometiendo los mismos delitos?

Ahora veámoslo de otro modo. Empecemos a analizar los hechos desde el principio. ¿Qué relación tenía esta pareja? ¿Cuánto tiempo llevan juntos? ¿Por qué y cómo empezaron las primeras agresiones? ¿En qué situación mental se encontraban cada uno? … y podríamos seguir haciéndonos preguntas. Hoy ya es tarde para obtener respuesta, en su día si hubiéramos hallado las respuestas, quizás hoy no habría otra mujer maltratada. El siguiente paso, consiste en mirar con pena hacia el hombre que demasiado tiene con lo que tiene, ¿Qué le ha motivado para tratar así a la mujer? ¿Incultura? ¿enfermedad mental, como por ejemplo, depresión?.

Os lanzo la siguiente pregunta, ¿la pena de prisión ha detenido a este hombre? ¿Si hubiera habido pena de muerte o cadena perpetua, este hombre se habría asustado y no lo habría hecho? Vuelvo a responder yo. No.

La incultura es el germen de toda sociedad. Hay una frase de Pitágoras que me encanta: “Educad al niño y no será necesario condenar al hombre”. Éste es el primer paso. Aunque entiendo que alguien me pueda decir, Y, ¿cómo educas a un hombre de avanzada edad, que ya no es un niño, cómo lo educas para que no cometa ciertos delitos? Con campañas de conciencia. Ya se está haciendo, en el caso de violencia de género, es fantástico como se ha acogido ésta propuesta. Pero aquí veo otro pero, siempre tiene que a ver algún pero.

¿Cómo se pretende concienciar a la sociedad? Con mensajes directos al colectivo masculino, que generan odio y desprecio al agresor o violador. Pero ¿sabéis cuál es el problema? Que el maltratador no se siente identificado con ese mensaje, porque cuando una persona tiene un problema ya sea de incultura o problema psicológico, el primer inconveniente es que no lo admite. Entonces, ¿cómo pretendemos concienciar a alguien que no es consciente de que tiene un problema y qué aquello que hace está mal? Si ha nacido en un entorno en el que la mujer es un ser inferior que lava y cocina, difícilmente esta persona entienda que no es así, o hay otros que consideran una mujer de su propiedad, y así lo creen porque cuando se casaron, en vez de ponerle la alianza, le puso la esposa, y en eso se convirtió, en su esposa…

Por tanto, espero no haberos liado con tantas ideas, pues me resulta realmente difícil expresaros mi descontento con el sistema penal actual… en general. Para concluir, acompañarme en un par de líneas más, y os dejaré marchar, espero con la conciencia inquieta y que haya sembrado, al menos, la duda.

La prisión tiene su origen en el objeto de la reinserción. Algunos autores comprenden que tiene un fin de castigo, reinserción y salvaguarda. Éste último para mantener a los cafres alejados de la sociedad. El primero ya ha quedado acreditado que sirve para limpiar consciencias y sentir alivio. Pero, (otro pero) el segundo es cuestionable. Para el que no lo sepa, la cárcel se supone que sirve de reinserción para los delincuentes, es por ello que la doctrina mayoritaria apoya los veinte años como plazo máximo de ingreso en prisión, si lo que deseamos es la reinserción, ya que pasar más tiempo ahí metido puede considerarse como perjudicial, y afectar a la salud psíquica, será difícil reincorporase a la vida real después de tanto tiempo. Si entendemos que todas las personas que entran en prisión son delincuentes despreciables, que cuanto más lejos mejor, para mi es difícil es creer en la reinserción. Yo propongo que la función de los trabajadores sociales, psicólogos o psiquiatras sea la más importante en prisión, para que reeducar, para que aprendan de sus errores y no vuelvan a cometer el mismo delito, aunque algunos ya me han confesado que no creen que estas personas puedan cambiar, como si su problema fuera de nacimiento, genético. Un momento, esto me suena… era así como se trataba a las personas en los campos de concentración ¿no? Deben hacerle caer en conciencia e impartirle cultura. La cultura es la capacidad que tiene el ser humano para anular o matizar cierta acciones, para saber lo que está bien o mal, mejor o peor. La cultura en sí acorta la distancia entre el hombre y la mujer, entre el cristiano y el musulmán o cualquier otro, entre el blanco y el negro, entre la víctima y el delincuente, entre nosotros y los otros. Entre el hoy y el mañana.

Oscar J. Labella

linkedin.com/in/oscarjlabella

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