¿CÓMO DEBEMOS REFUTAR EN UN DEBATE O JUICIO?

El 80% de los enfrentamientos sociales son producidos por mal entendidos a la hora de comunicarnos. Cuántas veces habremos oído eso de: es que no me entiendes. Es imposible hablar contigo. No te enteras. Oyes para responder pero no para comprender lo que se te dice. Tú oyes lo que te da la gana. De eso no estamos hablando.

Y esto ocurre, por un error a la hora de argumentar y refutar. Si por ejemplo os preguntase si es bueno o malo un servicio como Uber, me responderíais de dos maneras. En primer lugar a través de argumentos pragmáticos (criterios de utilidad) y por otro lado, argumentos morales o de principios (normativos o deberes).

A la pregunta de si estas a favor o no del Referendum en Cataluña, tenemos dos respuestas posibles teniendo en cuenta lo explicado en el párrafo anterior. Por un lado, podemos decir que es contrario a derecho, porque así lo dice el TC y la CE, y por otro lado, decir que es una consulta democrática porque es lo que la mayoría de personas quieren.

Y por esto mismo, tenemos que tener en cuenta que todo objeto de debate puede tener dos versiones (Hecho y Valoración) Por ejemplo: por muy bien que esté fundamentada la Sentencia de un juez, nunca faltará quien se crea con razones para sostener que ha sido injusta. Una cosa es la legalidad (cuestión de hecho: irrefutable) y otra cosa la justicia (valoración: subjetiva). Por tanto, el problema viene de la valoración que hagamos cada uno sobre un hecho concreto, teniendo como referencia las normas formales e informales. Las normas formales son las leyes y las informales podrían ser la ética o la moral que es aquello que hacemos porque nuestra cultura o valores nos dice que está bien o mal. La ética es por ejemplo dar las gracias, pedir perdón, decir buenos días…). Y el problema es que hay un continuo enfrentamiento entre moral y ética porque la moral es nuestra propia interpretación ética, es decir, lo que finalmente haces o dejas de hacer porque a ti te parece que está bien o no. Normalmente gana la moralidad de cada uno.

1.- Matar está prohibido porque así lo recoge nuestro Código Penal (Norma Formal)

Es un argumento irrefutable, pues resulta tan sencillo como evidenciar nuestro argumento con la propia ley, leyendo el artículo.

2.- Vamos a matar a María porque estamos la mayoría estamos de acuerdo y así lo hemos decidido = democracia = falacia = compromiso social.

Y ya sabemos que lo que la mayoría de gente piense no siempre es lo correcto.

Ya hemos visto porque las personas discutimos, podríamos resumir en una frase:

“Que la razón por la cual las personas discutimos es por la propia valoración subjetiva que hacemos sobre un hecho concreto a través de las normas formales e informales, preponderando en la mayoría de las ocasiones la moralidad de cada uno frente a la solidaridad humana o ética social”.

Por todo ello, para evitar discusiones y hablar con elocuencia. Qué podemos hacer. Debemos argumentar correctamente. Y nosotros ya sabemos cómo hacerlo:

1.- No nos gusta que nos convenzan pero sí que nos convenzamos. No nos gustan que nos vendan, pero nos encanta comprar. Pues algo parecido pasa cuando hay una conversación, un debate. Debemos hacer todo lo posible para que la persona que está enfrente, se ponga a pensar, y por sí sola, llegue a la conclusión que nosotros queremos.

2.- Definiendo los términos objeto de debate. Dando nombre a un acontecimiento. Muchas veces ocurre aquello de: Te estás yendo por los cerros de Úbeda. Ya no recuerdo ni por qué empezamos a discutir.

Un ejemplo muy sencillo: Si tu superior te dice que no está conforme con tu compromiso porque te marchas a casa justo cuando es la hora oficial de salida. Y tú te defiendes diciéndole que eso no tiene nada que ver con el compromiso sino que, el hecho de que te marches puntualmente, se debe a que eres altamente efectivo/a en lo que haces.

¿Cuál dirías que es el motivo de la controversia? Estamos ante un hecho claro que es la hora oficial de salida y esto es irrefutable. El problema es la valoración, la etiqueta que le demos a ese hecho. Ahí reside la controversia. Al darle un nombre al acontecimiento, es decir, al definirlo, establecemos los límites del mismo y determinamos si esos límites se ajustan o no a lo sucedido. No es lo mismo etiquetar un hecho como compromiso que como efectividad. Y esto va a depender, como ya sabemos de la valoración que hagamos.

Muy importante: quien impone su definición de la situación, impone sus reglas.

En el caso de los políticos, esto lo tienen claro, poner nombres a un hecho implican consecuencias, asunciones y presunciones, que determinan las actitudes de quien les oye. Por esto mismo, hablan de crecimiento negativo, y no de pérdida. Hablan de intervención humanitaria en vez de guerra.

Hay dos maneras de definir los hechos:

1.- Convencional: irrefutable, porque normalmente es una definición estricta que puede incluso estar en el diccionario. Por ejemplo: un senador en España es un político integrante de la Cámara del Senado.

2.- Redefinición: damos diferentes puntos de vista, normalmente, es una definición amplia, por ejemplo: ¿qué entendemos por solidaridad, motivación o implicación?

En el caso del jefe que discute con nosotros por falta de compromiso, ganará el que imponga su etiqueta. Es decir, el jefe impondrá la definición de compromiso como aquella estrecha relación entre las partes como para que nuestro comportamiento quede fuera de la misma. Sin embargo, nosotros definiremos compromiso incluyendo nuestra conducta habitual.

¿Cómo debemos refutar una definición?

1.- Definición Convencional con una Redefinición: Ampliando el sentido estricto del concepto, definición amplia.

2.- Definición Subjetiva con una Definición Objetiva.

Desde el punto de vista argumental, un hecho tiene la siguiente forma:

E, F, G, son los criterios para definir A

B cumple con los criterios de E, F, G.

Luego B es A.

Ejemplo:

Fascista es aquella persona que presenta ideas nacionalistas y totalitarias.

Ramona es nacionalista y totalitaria

Luego Ramona es fascista.

¿Cómo podemos refutar este ejemplo?

Diciendo que la definición de fascista no es esa pues se faltan criterios para definir el término, es falsa, por ser demasiado restrictiva. En el caso de Cataluña:

Es democrático lo que desean muchos ciudadanos.

En Cataluña, muchos ciudadanos reclaman una consulta sobre el derecho a decidir.

Por lo tanto, la consulta sobre el derecho a decidir es democracia.

En conclusión, si se sabe que tiene que pasar para que A sea A, ¿se parece a lo que pasa en B? El refutador mostrará que lo que pasa en B, no tiene nada que ver con lo que tendría que pasar para que fuese igual que A.

Oscar J. Labella

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